El alemán que dirige del banquillo del Real Madrid es un personaje, que debe tener una serie de complejos tan grande que no le dejan ejercer su profesión con dignidad. Un tipo de estas características, con estos modos, con ese orgullo, con esa antipatía explícita e innata y con ese boca tan grande para lanzar “paridas” no debe de seguir en el mundo del fútbol. Este tipo hace mucho daño. Es injusto.
Dice, con toda su cara y con la abertura que tiene debajo de su bigote, que va a seguir quejándose de los árbitros. No sé cual es su queja. Da igual. Y yo digo que mientras que él lo siga haciendo, yo seguiré entreteniéndome y juntando una serie de letras en este blog, en contra de sus inadmisibles palabras. Al menos me servirá para un pequeño desahogo.
Que pena, que con los buenos entrenadores de fútbol que tenemos en España, los grandes clubs de este país tengan que fijarse en pseudoentrenadores que han sido incapaces de empatar a ningún equipo. Menos mal que en la liga más antigua del mundo, la inglesa, se han dado cuenta y buscan en nuestro fútbol, lo que los sabios presidentes de esos equipos llamados “grandes” desechan.
Algún día cambiará la cosa, y los buenos profesionales españoles como Marcelino, Valverde, Benitez, Juande Ramos, Emery, etc., tendrán la oportunidad de sentarse en el banquillo de un equipo español, con un presupuesto mareante, y con una veintena de jugadores “megainternacionales” a su disposición. ¿O eso es ciencia ficción?
Tweet